The Highwayman

Author: Lola / Etiquetas: ,

Esta es mi forma de ponerle música al conocido poema del poeta nacido en Staffordshire, Alfred Noyes. Sus primeros trabajos, realizados al comienzo del siglo XX, son notables por su popularidad, no solo entre la sociedad literaria y entre otros poetas como Swinburne, sino también entre lectores de todas las clases sociales.

Mientras grababa en Real World Studios, me enteré que en esa zona de Wiltshire habían existido bandoleros hace dos siglos, y la exuberante y dramática belleza de sus campos encaja a la perfección con el texto de Noyes.


Estos highwayman eran los salteadores de caminos que peinaban las campiñas inglesas en busca de botines suculentos que llevarse a las faltriqueras en los albores del siglo XVIII. En la tragedia del bandolero y su amada, Loreena mostró su faceta más celta con el uso de la gaita, el bodhran (tambor irlandés) y el acordeón, entre otros muchos instrumentos.




The Highwayman
Letra de Alfred Noyes, música de Loreena Mckennitt

Traducción de Club de Almas Perdidas


El viento era un oscuro torrente entre los atormentados árboles,
la luna era un galeón fantasmal navegando sobre mares de nubes,
el camino era una cinta de luz de luna sobre el páramo púrpura,
y el salteador llegó cabalgando-
-cabalgando-cabalgando-
el salteador llegó cabalgando a la puerta de la vieja posada.

Llevaba un sombrero francés de tres picos en su frente, adornos de encaje en su cuello,
un chaquetón burdeos de terciopelo y pantalones marrones de piel de ciervo;
los vestía sin arrugas: ¡sus botas altas hasta el muslo!
y cabalgó con un centelleo de joyas.
La culata de su pistola centelleaba,
la empuñadura de su espada centelleaba bajo el cielo enjoyado.

Sobre los adoquines hizo ruido y resonó en el oscuro patio de la posada,
y golpeó con su fusta en los postigos, pero todo estaba cerrado y atrancado;
Silbó una melodía a la ventana, y quien debía estar esperando ahí no era otra que la hija de ojos negros del posadero,
Bess, la hija del dueño de la posada,
con un lazo de amor rojo oscuro trenzado en su largo cabello negro.

Y en el oscuro patio de la posada chirrió un postigo de la cuadra
donde Tim, el mozo de cuadra, escuchó; su cara estaba blanca;
sus ojos estaban hundidos en la locura, su pelo como heno mohoso,
y es que amaba a la hija del posadero,
la hija de labios rojos del dueño de la posada.
Mudo como un perro escuchó, y escuchó al ladrón decir:

“Un beso, mi bello tesoro, esta noche necesito un premio,
pero regresaré con el dorado oro antes de la luz de la mañana;
y, si me acechan de repente, y me acosan durante el día,
entonces búscame a la luz de la luna,
mira por mí a la luz de la luna,
Vendré por ti a la luz de la luna aunque el infierno me impida el camino.”

Se alzó sobre los estribos; a duras penas pudo alcanzar su mano,
pero ella soltó su pelo en el marco de la ventana. Su cara ardía como un hierro
cuando la negra cascada de perfume llegó dando vueltas a su pecho;
y besó sus rizos a la luz de la luna,
(¡Oh, dulces, negros rizos a la luz de la luna!)
Luego tiró de las riendas a la luz de la luna, y galopó al Oeste.

No volvió al amanecer; no volvió al mediodía;
Y en la rojiza puesta de sol, antes de que la luna se elevase,
Cuando el camino era una cinta gitana, enlazada en el páramo púrpura,
Una tropa de chaquetas rojas llegó marchando-
Marchando-marchando-
Los hombres del Rey George llegaron marchando a la puerta de la vieja posada.

No dijeron ni una palabra al dueño de la posada, en cambio se bebieron su cerveza,
Pero amordazaron a su hija y la ataron a los pies de su estrecha cama;
¡Dos de ellos se arrodillaron en su ventana, con mosquetes a su lado!
Había muerte en cada ventana;
Bess podía ver, a través de la ventana, el camino que él debía cabalgar.

La habían atado a conciencia, con muchas risas y bromas;
Habían atado un mosquete junto a ella, ¡con el cañón entre su pecho!
"Ahora, ten buena vista" y la besaron.
Ella escuchó al muerto decir:
"Búscame a la luz de la luna, mira por mí a la luz de la luna,vendré por ti a la luz de la luna aunque el infierno me impida el camino."

Torció sus manos por detrás; ¡pero todos los nudos aguantaron bien!
¡Retorció sus manos hasta que sus dedos se humedecieron con el sudor y la sangre!
Ellos se estiraron y se tensaron en la oscuridad, y las horas transcurrieron como años,
Hasta que, en la medianoche,
Frío, en la medianoche,
¡La yema de un dedo lo tocó! ¡el gatillo por fin era suyo!

La yema de un dedo lo tocó; no se tuvo que esforzar más por el resto.
Se levantó prestando atención, con el cañón entre su pecho,
No podía arriesgarse a que la escucharan; no podría esforzarse tanto otra vez;
El camino se tendía desnudo a la luz de la luna;
Y la sangre de sus venas a la luz de la luna palpitaba por las palabras de su amor.

Tlot-tlot; tlot-tlot! ¿La habían oído? ¿Los cascos del caballo sonaban claros
Tlot-tlot; tlot-tlot, en la distancia? ¿Estaban tan sordos que no la escuchaban?
Por la cinta de la luz de la luna, sobre la cima de la colina,
¡El salteador llegó cabalgando,
Cabalgando, cabalgando!
¡Los chaquetas rojas miraron su cebo! Ella se levantó, recta y quieta.

¡Tlot-tlot, en el frío silencio! ¡Tlot-tlot en el eco de la noche!
¡Más venía y más cerca! ¡Su cara era como una luz!
Sus ojos se agrandaron por un momento; respiró profundo una última vez,
Luego su dedo se movió a la luz de la luna,
Su mosquete destrozó la luz de la luna,
Destrozó su pecho a la luz de la luna y le avisó- con su muerte.

Él se volvió; espoleó al Oeste;¡ no sabía quien estaba
Inclinada, con su cabeza sobre el mosquete, empapada con su propia sangre roja!
Hasta el amanecer no lo escuchó, su cara se tornó gris al escuchar
Cómo Bess, la hija del dueño de la posada,
Había cuidado de su amor a la luz de la luna, y murió en la oscuridad.

¡Al volver, espoleó su caballo como un loco, gritando una maldición al cielo,
Con el blanco camino humeando detrás de él y blandiendo en alto su espada!
Rojo sangre eran sus espuelas en el dorado mediodía; rojo vino era su chaquetón de terciopelo
Cuando le dispararon en el camino,
Cayó como un perro en el camino,
Tendido en su sangre en el camino, con adornos de encaje en su cuello.

Todavía en las noches de invierno, dicen, cuando el viento está en los árboles,
Cuando la luna es un galeón fantasmal navegando en un mar de nubes,
Cuando el camino es una cinta de luz de luna sobre el páramo púrpura,
Que un salteador llega cabalgando-
Cabalgando-cabalgando-
Un salteador llega cabalgando a la puerta de la vieja posada.


The Highwayman Live / A moveable music feast



The wind was a torrent of darkness among the gusty trees
The moon was a ghostly galleon tossed upon the cloudy seas
The road was a ribbon of moonlight over the purple moor
And the highwayman came riding,
Riding, riding,
The highwayman came riding, up to the old inn-door.

He'd a French cocked hat on his forehead, a bunch of lace at his chin,
A coat of claret velvet, and breeches of brown doe-skin;
They fitted with never a wrinkle; his boots were up to the thigh!
And he rode with a jewelled twinkle,
His pistol butts a-twinkle,
His rapier hilt a-twinkle, under the jewelled sky.

Over the cobbles he clattered and clashed in the dark innyard,
And he tapped with his whip on the shutters, but all was locked and barred;
He whistled a tune to the window, and who should be waiting there
But the landlord's black-eyed daughter,
Bess, the landlord's daughter,
Plaiting a dark red love-knot into her long black hair.

"One kiss, my bonny sweetheart, I'm after a prize tonight,
But I shall be back with the yellow gold before the morning light;
Yet if they press me sharply, and harry me through the day,
Then look for me by the moonlight,
Watch for me by the moonlight,
I'll come to thee by the moonlight, though hell should bar the way.

He rose upright in the stirrups; he scarce could reach her hand
But she loosened her hair i' the casement! His face burnt like a brand
As the black cascade of perfume came tumbling over his breast;
And he kissed its waves in the moonlight,
(Oh, sweet black waves in the moonlight!)
Then he tugged at his rein in the moonlight, and galloped away to the west.

He did not come at the dawning; he did not come at noon,
And out of the tawny sunset, before the rise o' the moon,
When the road was a gypsy's ribbon, looping the purple moor,
A red-coat troop came marching,
Marching, marching
King George's men came marching, up to the old inn-door.

They said no word to the landlord, they drank his ale instead,
But they gagged his daughter and bound her to the foot of her narrow bed;
Two of them knelt at the casement, with muskets at their side!
there was death at every window
and hell at one dark window;
For Bess could see, through the casement,
The road that he would ride.

They had tied her up to attention, with many a sniggering jest;
They had bound a musket beside her, with the barrel beneath her breast!
"now keep good watch!" And they kissed her.
She heard the dead man say
"Look for me by the moonlight
Watch for me by the moonlight
I'll come to thee by the moonlight, though hell should bar the way!"

She twisted her hands behind her, but all the knots held good!
She writhed her hands till her fingers were wet with sweat or blood!
They stretched and strained in the darkness and the hours crawled by like years!
Till, now, on the stroke of midnight,
Cold, on the stroke of midnight,
The tip of one finger touched it!
The trigger at least was hers!

Tlot-tlot! Had they heard it? The horse-hoofs were ringing clear
Tlot-tlot, in the distance! Were they deaf that they did not hear?
Down the ribbon of moonlight, over the brow of the hill,
The highwayman came riding,
Riding, riding!
The red-coats looked to their priming!
She stood up straight and still!

Tlot in the frosty silence! Tlot, in the echoing night!
Nearer he came and nearer! Her face was like a light!
Her eyes grew wide for a moment! She drew one last deep breath,
Then her finger moved in the moonlight,
Her musket shattered the moonlight,
Shattered her breast in the moonlight and warned him with her death.

He turned; he spurred to the west; he did not know she stood
bowed, with her head o'er the musket, drenched with her own red blood!
Not till the dawn he heard it; his face grew grey to hear
How Bess, the landlord's daughter,
The landlord's black-eyed daughter,
Had watched for her love in the moonlight, and died in the darkness there.

Back, he spurred like a madman, shrieking a curse to the sky
With the white road smoking behind him and his rapier brandished high!
Blood-red were the spurs i' the golden noon; wine-red was his velvet coat,
when they shot him down on the highway,
Down like a dog on the highway,
And he lay in his blood on the highway, with the bunch of lace at his throat.

Still of a winter's night, they say, when the wind is in the trees,
When the moon is a ghostly galleon, tossed upon the cloudy seas,
When the road is a ribbon of moonlight over the purple moor,
A highwayman comes riding,
Riding, riding,
A highwayman comes riding, up to the old inn-door.